El efecto séquito: de dónde viene la idea y qué la respalda
Una teoría nacida en un laboratorio de Jerusalén en 1998, extendida a la planta en 2011 y todavía comprobada más en células y ratones que en personas.
El hallazgo original era sobre el cuerpo, no sobre la planta
El término efecto séquito entró en la literatura en 1998, en un trabajo del grupo de Raphael Mechoulam en la Universidad Hebrea de Jerusalén. El objeto no era el cannabis, sino el propio sistema del organismo.
Los investigadores hallaron que dos ésteres de glicerol y ácidos grasos, inactivos por separado, aumentaban la actividad cannabinoide del 2-araquidonoilglicerol, uno de los endocannabinoides que el cuerpo fabrica. Compuestos que por sí solos no hacían nada cambiaban lo que hacía un compuesto activo. Ese era el séquito.
El traslado a la planta
Quien trasladó la idea al cannabis con más influencia fue el doctor Ethan Russo, en 2011, en una revisión que sostenía que los cannabinoides y los terpenos de la planta actúan juntos de un modo que ninguno logra por separado, y que eso podría explicar por qué se describen de forma distinta los preparados de planta entera y el THC aislado.
La revisión es una síntesis y una propuesta, no un experimento. Conviene leerla como la formulación más clara de la hipótesis, no como su demostración.
La prueba aislada más sólida
Si un hallazgo sostiene la idea de que los terpenos cuentan farmacológicamente, es el beta-cariofileno. En 2008, un grupo dirigido por Jürg Gertsch mostró que este terpeno vegetal común se une de forma selectiva al receptor CB2 y actúa como agonista completo, con una afinidad del orden nanomolar.
Dos detalles lo hacen llamativo. El beta-cariofileno abunda en los alimentos —en la pimienta, el clavo y mucho más— y está autorizado como aromatizante alimentario, de ahí el título del artículo sobre un cannabinoide dietético. Y se encuentra muy fuera del género Cannabis, de modo que la planta no es la única fuente de compuestos que dialogan con estos receptores.
La prueba de que el efecto pasa por el CB2 es directa: el beta-cariofileno administrado por vía oral produjo efectos antiinflamatorios y analgésicos en ratones normales, pero no en ratones carentes del receptor CB2.
Qué está firme y qué no
Firme: hay compuestos más allá del THC y el CBD con dianas farmacológicas reales, y el beta-cariofileno en el CB2 es el caso más claro.
No firme: que la mezcla de una planta concreta produzca en una persona un efecto conjunto previsible. La mayor parte del trabajo que lo respalda es preclínico —ensayos celulares y modelos animales— y las concentraciones de terpenos que alcanzan la sangre a partir de cannabis inhalado o ingerido son muy inferiores a las empleadas en el laboratorio. La hipótesis es verosímil, influyente y no está resuelta.
Además resulta comercialmente cómoda, lo que es razón para leer con cuidado las afirmaciones al respecto, no para descartarlas.
Por qué importa la discusión
Si el efecto séquito se sostiene, estudiar moléculas aisladas falseará sistemáticamente lo que hace la planta, y una regulación construida en torno a fármacos de un solo compuesto errará el objetivo. Si no se sostiene, los preparados de planta entera son más difíciles de estandarizar sin ganancia terapéutica.
La cuestión no es académica. Determina qué se investiga, qué se autoriza y qué se ofrece a los pacientes.
Fuentes
- Ben-Shabat, S., Fride, E., Sheskin, T., Tamiri, T., Rhee, M. H., Vogel, Z., Bisogno, T., De Petrocellis, L., Di Marzo, V., & Mechoulam, R. (1998). An entourage effect: inactive endogenous fatty acid glycerol esters enhance 2-arachidonoyl-glycerol cannabinoid activity. European Journal of Pharmacology, 353(1), 23–31. DOI
- Russo, E. B. (2011). Taming THC: potential cannabis synergy and phytocannabinoid-terpenoid entourage effects. British Journal of Pharmacology, 163(7), 1344–1364. DOI
- Gertsch, J., Leonti, M., Raduner, S., Racz, I., Chen, J. Z., Xie, X. Q., Altmann, K. H., Karsak, M., & Zimmer, A. (2008). Beta-caryophyllene is a dietary cannabinoid. Proceedings of the National Academy of Sciences, 105(26), 9099–9104. DOI